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sábado, 6 de septiembre de 2014

Leyendas urbanas


LAS GEMELAS


Una feliz familia vivía muy cerca de una transitada carretera, debido a esto la joven madre las acompañaba diariamente al colegio y caminaban las tres cogidas de la mano, teniendo especial cuidado con la mencionada carretera. Las pequeñas, hasta el momento, no tenían permiso de cruzar solas.
Uno de tantos días la madre recibió en su móvil una llamada urgente del trabajo la cual tuvo que atender. Le exigían su presencia de inmediato, por lo cual se vio en la necesidad de dejar que las gemelas continuaran el camino solas. Con mucho pesar despidió a las niñas, dando indicaciones para que no se soltarse de la mano y tener mucho cuidado al cruzar. Las dos pequeñas siguieron las instrucciones de su madre, miraron a ambos lados de la carretera, y al ver que estaba libre cruzaron.
Apenas giraba la madre para cambiar de rumbo, cuando escuchó un golpe muy fuerte a sus espaldas, giró de inmediato para ver con terror que sus hijas estaban debajo de un camión, fueron atropelladas perdiendo la vida al instante.
El dolor duró mucho tiempo pero, transcurridos cuatros años, la madre dio a luz de nuevo gemelas, Éstas era muy parecidas a sus fallecidas hermanas, lo cual le hacía tener presente aquel fatal accidente. Esta vez tenía una terrible obsesión por su cuidado y no les permitía estar cerca de ningún peligro, en especial aquella temida carretera. Pero no podía estar detrás de ellas las 24 horas, y un día, estuvieron muy cerca del peligroso lugar, decididas a cruzar miraron hacia los dos lados.No había ningún coche. Cuando apenas iban a poner un pie en el asfalto, su madre las agarró por el hombro bruscamente, llorando desconsoladamente y diciendo:
 –No crucéis- a lo cual recibió una respuesta inesperada de las dos pequeñas: -No pensábamos cruzar, ya nos atropellaron una vez, no volverá a suceder…-


                                   *                  *                           *                      

                                                                   
     EL AUTOBÚS FANTASMA

La antigua carretera de la ciudad de Toluca, Ixtapan de la Sal, era bastante peligrosa.Rodeada por un precipicio sumamente profundo y de roca sólida. Una noche un autobús circulaba por aquel camino. La mayoría de los pasajeros iban dormidos. La lluvia comenzó a caer cuando el autobús inició el descenso por las famosas curvas de Calderón, que eran muy cerradas y peligrosas.
Los pasajeros se dieron cuenta de que el autobús iba demasiado rápido, reclamando al conductor, éste solo pudo decir: -¡¡¡Están fallando los frenos!!!-, Era imposible controlar el volante y ,tras pocos segundos, en una curva el autobús se precipitó al vacío, muriendo muchos al instante a causa del golpe,Otros quedaron inconscientes y fueron consumidos por las llamas cuando el autobús se incendió. Nadie escuchó los gritos de los pocos pasajeros que pedían ayuda que también murieron de una forma terrible. En la central seguían esperando al autobús Nº 40 ,el último de la noche, pero jamás llegó a  su destino.
Poco tiempo después, por esa misma carretera comenzó a circular un autobús antiguo, pero muy bien conservado, con pasajeros muy bien vestidos, que siempre iban despiertos, pero sin pronunciar una sola palabra. De vez en cuando recogía a gente en medio del camino, transportándola, sin contratiempos cerca de su destino, pues nunca llegaba a la terminal. El conductor les pedía que bajaran un poco antes diciendo: -Baja ahora y no te gires antes de que cierre la puerta o jamás dejarás el autobús-.
Quienes obedecían, escuchaban el sonido de la puerta al cerrarse y el motor del autobús arrancar, pero no veían nada alejarse. Los desobedientes que se giraban, veían el autobús hecho pedazos, y en el interior  esqueletos descarnados, personas calcinadas y desmembradas. Se dice que a partir de ese momento su fantasma subía al autobús y viajaba eternamente en él por causa de su desobediencia.

                            *                           *                                   *             


       LA CHICA DE LA CURVA


Una noche cerrada de niebla espesa caía una lluvia suave pero ininterrumpida. Un hombre iba conduciendo su coche deseoso de llegar a su casa y reencontrarse con su mujer y sus hijas después de un largo fin de semana de trabajo.
En una de las curvas del camino, vio a una joven rubia que hacía auto-stop, de aspecto demacrado y pálido. La chica estaba empapada por la lluvia y llevaba un largo vestido blanco desgarrado y sucio de barro. Este hombre se apiadó de la joven y , pisando los frenos, decidió llevarla consigo hasta el pueblo más cercano. Durante gran parte del trayecto, el hombre y la joven fueron hablando de cosas triviales, cuando, de repente, antes de llegar a una de las curvas más cerradas y peligrosas, la joven le avisó que redujiera la velocidad hasta casi detenerse y que pasara despacio. El hombre obedeció y comprobó, asustado, que, de no haber sido advertido por la joven del peligro, probablemente se hubiera despeñado por el barranco con el coche. Así que le dio las gracias por haberle salvado la vida, a lo que la joven contestó:


No me lo agradezcas, es mi misión. En esa curva me maté yo hace más de 25 años, en una noche como ésta... 


Y tras pronunciar estas palabras, desapareció, dejando como única prueba de su espectral aparición, el asiento del copiloto húmedo por sus ropas mojadas...

                          *                           *                           *                     

 NUEVE VECES VERÓNICA

Verónica era unca chica de 14 años que, estando en el pueblo con sus amigos, hizo espiritismo en una casa abandonada.  Es sabido por todas las personas que es algo tremendamente peligroso y que nunca se debe tomar como un juego. Ella no siguió las reglas de los fantasmas, se burló durante toda la invocación y una silla que había en la habitación cobró vida y la golpeó mortalmente en la cabeza. Se dice que desde ese día  Verónica aún no descansa en paz. Por eso su espíritu está condenado y vaga buscando venganza entre aquellos que no saben respetar el  otro mundo,  como le sucedía a ella en la vida real.

Ana era una chica de la edad de Verónica que conoció la leyenda en su instituto. Sus amigos la molestaban, diciéndole que no se atrevía a decir ‘Verónica’ nueve veces ante el espejo.  A ella le daba mucho miedo, pero venció su terror porque le avergonzaba quedar mal ante todo el mundo. Una compañera fue a los servicios de esa planta del instituto para comprobar, entre risas, si cumplía la prueba. Lo hizo pero  no pasó nada y el grupo lo olvidó enseguida. Menos Ana, porque  para ella la auténtica pesadilla comenzó esa misma noche. Estaba en la cama, cuando un sonido la despertó sobresaltándola. No se trataba de un estrépito, sino de una especie de susurro indescifrable que oía cerca de la nuca, mientras sentía como si alguien respirara sobre su cuello. Aterrada, se levantó y encendió la luz de la habitación. Allí solo estaba ella. A pesar de eso, no pudo dormir en toda la noche. Al día siguiente, no se atrevió a contárselo a nadie. Estaba muerta de miedo y de sueño  y en medio de la clase tuvo que salir al servicio para mojarse la cara y despejarse. Pero cuando entró al baño, hacía mucho frío (como estaban en invierno no le prestó importancia) y  el espejo estaba totalmente empeñado. Ana lo limpió con la mano para comprobar horrorizada que tras ella había una chica que no había visto jamás, con una expresión de espanto y sangre en su cabeza. Fue solo un instante. Cuando se volvió a mirarse, ya no había nadie. Ana rió nerviosamente, pensando que todo era fruto de su imaginación, los nervios y el cansancio. Sin embargo, cuando se volvió hacia el espejo vio algo que la dejó helada. Al borrarse el vaho una frase había permanecido escrita: ‘Soy Verónica. No debiste invitarme a volver’. Ana no pudo soportarlo. Hoy pasa sus días encerrada en un manicomio, y solo habla para jurar y perjurar que el fantasma de Verónica la sigue atormentando.                              

                   *                           *                                 *                            


AMIGAS PARA SIEMPRE 

Año 1982. Alicia y Sara eran dos chicas, ambas de 15 años, e íntimas amigas desde la más tierna infancia. Vivían en el mismo barrio, estudiaban en el mismo

instituto, iban a la misma clase... en fin, eran inseparables. Sin embargo, tenían caracteres muy diferentes. Alicia era alegre y extrovertida, mientras que Sara era muy tímida y callada. 

Cierto día, Sara le propuso a Alicia:
- ¿Por qué no hacemos un juramento de sangre?
- ¿Qué?
- Mira, por si algún día perdemos el contacto, juramos que la que muera antes de
nosotras dos, irá a avisar a la otra.
- Qué tontería, Sara, nosotras siempre estaremos juntas.

Ante la insistencia de Sara, y entre asombrada y divertida, Alicia al final aceptó
la propuesta. Ambas se practicaron un corte con una navaja en el dedo índice de la
mano derecha, y sellaron el pacto a la luz de unas velas.

Pasaron los años. Alicia había terminado sus estudios de derecho, tenía un buen
trabajo, una casa preciosa y un marido y un hijo maravillosos. Hacía mucho que no
veía a Sara, la amiga de su juventud, aunque a veces se acordaba de ella cuando se
veía la cicatriz de su dedo índice. Al final, la vida les había llevado por caminos
distintos y no habían vuelto a verse desde que acabaron el instituto.

Una noche, Alicia tuvo una horrible pesadilla: iba conduciendo, cuando de repente un
camión invadía su carril y chocaba con su coche.

Se despertó empapada en sudor, y justo en ese momento, oyó llamar al timbre de la
casa. Eran las 3 de la madrugada. Miró a su marido, que dormía profundamente a su
lado, en ese momento, el timbre volvió a sonar con insistencia. Maldiciendo por lo bajo y preguntándose quién podría ser a esas horas, Alicia se levantó y fue a abrir la puerta.

Cuando abrió la puerta y vio a la mujer que estaba en el porche, abrió la boca, totalmente anonadada. Aunque había cambiado bastante, la reconoció enseguida.

Allí, terriblemente pálida, ojerosa y con una enorme herida sangrante en la cabeza, estaba su antigua amiga Sara.

- ¡Por Dios, Sara! ¿Qué ta ha ocurrido? Entra, te curaré esa herida.

- ¡Cuánto tiempo sin vernos!

Sara no se movió de donde estaba.

- He venido a cumplir mi promesa, Alicia. He muerto y vengo a decírtelo.
Alicia se quedó sin habla.

- Ya que la vida nos ha separado, estaremos juntas en la muerte. Te estaré esperando...- dijo Sara levantando el dedo índice. Acto seguido, desapareció.

Alicia empezó a notar un dolor persistente en su propio dedo índice, al mirárselo descubrió que lo tenía empapado en sangre, como si se le hubiera vuelto a abrir el corte que se hiciera años atrás... Lanzó un alarido estremecedor y cayó desvanecida al suelo.

Al día siguiente, despertó en su cama y pensó que todo había sido un mal sueño.

Encendió el televisor para desayunar, y lo que vio la dejó helada: la noche anterior, a las 3 de la madrugada, había habido un accidente de tráfico: un camión había chocado con un coche, y la conductora del mismo había fallecido en el acto.

A partir de aquél día, su vida se convirtió en un auténtico infierno. No comía, se olvidaba de recoger a su hijo en el colegio, no rendía en el trabajo... Y todas las noches tenía el mismo sueño, en el cual oía llamar a la puerta, y al abrir veía a Sara levantando el dedo índice y diciendo "te estaré esperando", tras lo cual siempre se despertaba con un dolor insoportable en su dedo lleno de sangre.

Su marido no entendía lo que le estaba pasando, los médicos no encontraban ninguna explicación, y finalmente internaron a Alicia en un psiquiátrico.

Allí no hizo sino empeorar, ahora en sus pesadillas veía a Sara junto a su cama.

Una noche, un celador del psiquiátrico oyó un espantoso ruido de cristales rotos que provenía de la habitación de Alicia.

Al entrar en la habitación vio que la ventana estaba rota, se asomó y vio a Alicia tirada sobre la acera en medio de un charco de sangre. Tenía una gran herida en la cabeza y a su lado, en el pavimento, alguien había escrito con su sangre: "AMIGAS PARA SIEMPRE".                                                                                                                          
                         *                   *                   *                          

LA CHICA DE LA AUTOPISTA

La carretera principal que va de Baltimore a Nueva York al llegar al kilómetro 12 se cruza con una importante autopista. Se trata de un cruce muy peligroso, y en muchas ocasiones se ha hablado de construir un paso subterráneo para evitar accidentes, aunque todavía no se ha hecho nada. 

Un sábado por la noche, el doctor Eckersall regresaba a su casa después de asistir a una sala de fiestas. Al llegar al cruce redujo la velocidad y se sorprendió al ver a una deliciosa jovencita, vestida con un traje largo de fiesta y haciendo autostop. 
Frenó de golpe y le hizo una señal para que subiera a la parte trasera de su descapotable.

- El asiento de delante está lleno de palos de golf y de paquetes - se disculpó.

Y a continuación le preguntó:

- Pero, ¿qué está haciendo una chica tan joven como tú sola a estas horas de la noche?.

- La historia es demasiado larga para contarla ahora - dijo la chica.

Su voz era dulce y a la vez aguda, como el tintinear de los cascabeles de un trineo.

- Por favor, lléveme a casa. Se lo explicaré todo allí. La dirección es North Charles Street, número XX. Espero que no esté muy lejos de su camino.

El doctor refunfuñó y puso el coche en marcha. Cuando se estaba acercando a la dirección que le indicó ella, una casa con las contraventanas cerradas, le dijo:

- Ya hemos llegado.

Entonces se giró y vio que el asiento de atrás estaba vacío.

- ¿¡Qué demonios...!? - murmuró para sí el doctor.

La chica no se podía haber caído del coche, ni mucho menos haberse desvanecido.

Llamó repetidas veces al timbre de la casa, confuso como no la había estado en toda su vida. Después de un largo tiempo de espera, la puerta se abrió y apareció un hombre de pelo gris y aspecto cansado que lo miró fijamente.

- No sé como decirle qué cosa más sorprendente acaba de suceder - empezó a decir el doctor - una chica joven me dio esta dirección hace un momento. La traje en coche hasta aquí y...

- Sí, sí, lo sé - dijo el hombre con aire de cansancio -, esto mismo ha pasado otras veces, todos los sábados por la noche de este mes. Esta chica, señor, era mi hija. Murió hace dos años en un accidente de automóvil en ese mismo cruce donde usted la encontró...                                                                                                                          
   
                    *                         *                      *                      
SUERTE QUE NO ENCENDISTE LA LUZ 
Hace unos dos años, en Granada capital, ocurrió un asesinato que llamó mucho la atención. Fue en un piso de estudiantes, donde vivían cuatro chicas. Una noche, dos de las chicas se fueron a sus respectivos pueblos ya que era viernes, para pasar el fin de semana. Las otras dos se quedaron en el piso. Una de ellas decidió irse a dormir al piso de una compañera de clase. Se fue dejando a la otra sola en la vivienda.

Por la noche, la que se había ido a dormir fuera se dio cuenta de que no tenía pijama y volvió al piso a recogerlo. Fue a su habitación y no encendió la luz para no “despertar” a su compañera. Cogió el pijama que estaba en el armario y se fue de nuevo.

A la mañana siguiente, cuando volvió, se dio cuenta de que la policía estaba en el piso y que los vecinos llenaban el pasillo. Se asustó mucho porque no sabía qué había pasado. Se dirigió a su habitación y vio que un “cuerpo” se encontraba en el suelo tapado con una sábana. ¡Era un cadáver! ¡Su amiga había muerto! ¿Cómo? Se puso muy nerviosa, un montón de preguntas se atropellaban en su mente y no encontraba ninguna respuesta.

La noche antes un ladrón había entrado en el piso y, estando la chica sola, la mató después de robarle el dinero que tenía. Cuando la chica protagonista fue al piso a recoger el pijama, el ladrón se encontraba en su habitación y ya había asesinado a su compañera. Dicho hombre dejó escrito en el espejo de la habitación, con pintalabios rojo: “SUERTE QUE NO ENCENDISTE LA LUZ”.

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