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martes, 25 de noviembre de 2014

La primera víctima de la guerra es la inocencia

      LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES LA INOCENCIA

Aquella acogedora casa que había sido escenario, no hacía mucho tiempo, de entrañables reuniones familiares; aquella sencilla casa que, en mitad de la ciudad, había sido un nido de felicidad y armonía, ya no era la misma. Ahora todo había cambiado. No había cortinas, pues la preciada tela con la que estaban hechas servía ahora de sábanas a los miles de heridos y enfermos que yacían por todos los rincones de la ciudad;...y aquellas enormes ventanas desde donde se divisaba la hermosa ciudad eran ahora solo un conjunto de vidrios rotos y sucios, y las pocas que quedaban estaban agrietadas o a punto de caerse. ¿Qué había pasado? ¿Sería tal vez que algunas personas no se daban cuenta de los errores ajenos o simplemente los ignoraban?
Una vez oyó decir: <<¡ Hay guerra!>>, y pensó, << ¡ Dios mío! ¿Cómo puede haber gente tan desconsiderada como para creerse con el derecho de arrebatarles a los demás el tesoro más valioso que poseen? ¿Es que la vida de los demás no vale nada?>>

Unos meses más tarde, en mitad de un gran caos general, le hicieron cerrar los libros. Aún no era la hora de plegar, pero la puerta estaba llena de madres que empujaban buscando y llamando a sus hijos. De camino a casa comenzó a notar el extraño ambiente que se respiraba. Las calles estaban desiertas y los comercios habían cerrado. La situación era realmente alarmante. En la televisión aconsejaban no salir de casa y se veían imágenes terribles de muertos y heridos, imágenes de niños que lloraban, asustados, buscando a sus padres, imágenes de mujeres que corrían, desesperadas por todas partes, acarreando a sus hijitos muertos...

Por su mente pasaron miles de palabras en un momento, pero sólo se quedó con una: GUERRA.

A partir de aquel momento, tuvo que aprender el valor de las cosas que no había apreciado antes. A medida que pasaban los días, la injusticia y la crueldad se fueron apoderando de las calles. Comenzó a faltar alimentos y, más tarde, muchas otras cosas necesarias para vivir. Toda la felicidad se había escapado de sus manos sin darle tiempo para reaccionar....Alguien, sentado cómodamente en un despacho, había decidido por él el resto de su vida, había marcado su juventud sin pedirle permiso para hacerlo, había destruido familias enteras y había cambiado miles de vidas sobre las cuales no tenía derecho alguno...Alguien les había fallado a todos.

Afortunadamente todo acabó, sí, pero los meses de horror que vivió le hicieron más fuerte y firme. Y ahora cada vez que ve al hombre golpeando la piedra que hizo caer a su país, se da cuenta de que las cosas no se arreglan apagando el televisor cuando no nos gusta lo que vemos sino intentando buscar soluciones para evitar que otras guerras injustas sigan acabando con vidas inocentes.

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